|
Sitio web creado y mantenido
por Fernando Liroz |
Página
actualizada el día 17 de febrero de 2006 |
|
Lingüística |
|
|
Morfología – Introducción a la
morfología |
|
||||||
Introducción a la morfología
La palabra, un concepto espinoso.
Las unidades morfológicas inferiores a la palabra.
La palabra desde el punto de vista monemático:
Morfemas amalgama, morfema cero y morfemas discontinuos.
Los sistemas de formación de palabras.
Diferencias entre flexión y derivación.
Otras maneras de crear palabras.
Todos los que
hablamos, sabemos que hablamos por medio de palabras. Cualquiera de nosotros
es capaz de dividir lo que dice en
palabras independientes, lo que quiere decir que sabemos contar cuántas
palabras hay en una determinada oración sin dudarlo. Ahora bien, seguro que nos
ponen en un aprieto si nos piden una definición de palabra.
¿Por qué? Todos estaremos de
acuerdo en que si, vienes, te y espero son palabras,
porque somos capaces de dividir el enunciado si vienes, te espero en
esas unidades básicas. Lo que pasa es que la cuestión se vuelve más complicada con unidades como mesa
redonda, veinticuatro, etc., de las que no podemos afirmar con la misma
seguridad si son palabras o grupos de palabras. A primera vista, diremos que mesa
redonda se compone de dos palabras porque podemos separar mesa de redonda
y el resultado mesa, unirlo a otros adjetivos: mesa cuadrada, mesa
azul, etc. Esto nos plantea el problema de que al decir que en el Centro
Cultural del barrio se celebra una mesa redonda, las dos palabras expresan un
único concepto similar al que expresa la palabra debate. El significado
de mesa redonda no es igual a la suma de los significados de sus
componentes: se ha creado un nuevo elemento léxico en el que se ligan
indisolublemente ambas palabras que tiene un nuevo significado. Esto es lo
mismo que decir que se ha creado una nueva palabra. Si las consideramos como
dos palabras es porque las escribimos separadas y
porque mantienen una independencia acentual característica, pero en el
diccionario deberá aparecer este conjunto con su nuevo significado.
Casos semejantes hay muchos: Veintiuno
es una sola palabra. Pero treinta y uno
o doscientos cincuenta y seis, ¿son una o más palabras? ¿Qué pasa con anteayer
y su sinónimo antes de ayer? ¿y con porque
en porque me da la gana, y para que, en para que te enteres?
Podríamos aportar muchos ejemplos más.
La lingüística no ha
encontrado aún una definición válida y general para el concepto de palabra,
pero no es de extrañar que esto sea así: es un concepto intuitivo, de uso, no
válido para el análisis tal y como hoy se plantea; ello nos deja ante el
curiosísimo hecho de que esta ciencia, la lingüística, no puede definir una de
sus unidades básicas.
¿Qué hacer, pues? Cuando a
principios del siglo XX la lingüística se reorganiza y busca nuevos caminos,
encuentra que con los nuevos conceptos que ha de manejar no hay lugar para la
palabra tal y como intuitivamente la entendemos: debe encontrar una unidad que
englobe tanto a mesa redonda como a azul, siempre, que, Miguel, ay,
llanura, libro y librería, Y que además, es posible que también deba
incluir en ese grupo a elementos tales como hetero-
, —cardia, tele-, pro-,—mitir
(heterosexual, taquicardia, teleférico, prometer, dimitir), etc, y busca soluciones. Vamos a ver a continuación alguna
de las respuestas que ha dado.
La paradoja de la que
estamos tratando tiene su origen en el hecho de que el concepto habitual de palabra encubre varias realidades
distintas entre sí. Tomemos en consideración varias listas de palabras:
a. canto (rodado)
b. canto (acción de cantar)
c. canto (de un duro)
a. tener, tengo, tienes, tuve, tenía, he
tenido.
b. limpio, limpia, limpios, limpias.
c. rosa, rosam, rosae, rosas, rosarum, rosis.
a. beber, bebida, beburcio,
bebedor.
b. digno, dignidad, dignamente, dignarse.
En (1) tenemos tres
palabras con significados distintos y orígenes también distintos, que tienen en
común la forma fónica (y gráfica): son palabras distintas pero homónimas; Diremos de cada una de ellas
que es una palabra gramatical, porque en el
lexicón del español (el componente léxico, recordemos)
tendría cada una una entrada. El caso en (2) es
distinto: cada conjunto de palabras tiene una sola entrada en el diccionario, y
nos parece lógico: (2a) es una lista de formas
conjugadas del verbo tener; (2b) es el adjetivo limpio
flexionado en género y número, (2c.) es la lista
de las formas que puede adoptar la palabra latina rosa al ser declinada. Está claro que en (2a)
tenemos varias formas de la misma palabra,
y que en cada una de las listas es la primera de estas formas la que usamos
como forma de cita, es decir, la forma
que elegimos como representante de la lista completa. Nos parece lógico que
todas ellas formen parte de una misma entrada léxica porque, conociendo el
español como lo conocemos, sabemos que es automático obtener todas estas
formas a partir de la forma de cita. En (3) ya no sucede lo mismo: aunque hay
una evidente relación entre las cuatro palabras que forman cada grupo, todas
ellas son palabras distintas que empleamos en entornos diferentes: unas son
verbos; otras, adjetivos; otras, sustantivos y otras, adverbios. Son palabras
independientes pero -como decíamos en el cole-
"de la misma familia".
Como vemos, hay que tener
mucho cuidado con las palabras. Entre ellas adoptan relaciones muy diversas y
la manera en que se forman viene determinada por la función que vayan a
desempeñar. En (1) no hay más relación que la fónica entre ellas; en (2), se da
un proceso regular de flexión, que veremos enseguida; en
(3) se da otro proceso, el de derivación. Otro proceso posible es
el que aparece en mesa redonda,
similar (no idéntico) al que tenemos en rompehielos,
el de la composición. De todos ellos hablaremos
en el presente tema.
Si no es posible dar
una definición del concepto intuitivo de palabra por no ser funcional en la
descripción lingüística, habremos de buscar en la palabra las unidades que necesitamos.
Por medio de los ejemplos anteriores hemos podido sospechar la existencia de
unas unidades de rango inferior cuya combinación crea una estructura
morfológica que es a lo que llamamos palabra.
Esas unidades
existen, y lo comprobamos contrastando varias formas de palabra o varias
palabras "de la misma familia". Tomemos los ejemplos de (2b): dejando sólo lo que tienen en común, nos queda limpi-. Esta
parte de todas estas palabras es lo que tradicionalmente llamábamos raíz. Es un elemento indivisible en
unidades menores con significado: nada más corto que limp- tiene significado
relacionado o no con la idea de limpiar, limpio, etc., y se limita a ser un
conjunto de fonemas que carecen de valor semántico. Lo que queda de esas
palabras, -o, -a, -os, -as es también
divisible en dos grupos de unidades, -o
y -a, que indican género masculino y
femenino, respectivamente, y -s, que
indica pluralidad gramatical. Su valor significativo, como vemos, es distinto
al de limp-.
Este hace referencia a algo de la realidad (el concepto de limpieza),
mientras que -o, -a y -s
tienen un significado puramente gramatical: los conceptos a que hacen referencia
no tienen existencia en la realidad extralingüística.
Hay, pues, unidades inferiores a la palabra y son, al menos de dos tipos:
A las unidades
mínimas con significado (es decir, que son menores que la palabra y que son
indivisibles en elementos dotados de significado) las llamamos monemas
(en la escuela norteamericana, morfemas), y las hay de dos tipos:
los
lexemas o morfemas léxicos, que tienen significado
léxico -que hacen referencia a conceptos de la realidad- y los morfemas
a secas o morfemas gramaticales, que tienen un significado
exclusivamente gramatical.
Los lexemas forman
palabras solos, o más habitualmente, acompañados por morfemas. En el caso de árbol tenemos el lexema aparentemente
solo[1];
en árboles, arboleda, arboladura,
enarbolar, etc., lo acompañan morfemas. Son palabras portadoras de lexemas
los sustantivos, los adjetivos, los verbos y la mayoría de lo que llamamos
adverbios.
Los morfemas pueden
aparecer también aisladamente (caso de las preposiciones, las conjunciones,
el artículo y el verbo auxiliar) o, como hemos visto, formando parte de palabras.
Se habla en consecuencia, de morfemas libres (los que forman
palabras por sí mismos: ven, ayer, con,
la, aunque) y de morfemas ligados (los que han de aparecer necesariamente formando
parte de una palabra: re-, -ado, -eda, -ista,
etc.)
Así pues, la palabra es una
unidad lingüística formada por uno o más monemas que siguen un orden fijo (no
podemos variar el orden de monemas en desembarcar para decir, p. ej. *barc-em-des-ar)
y forman un bloque inseparable. Si una palabra posee uno o más lexemas (anticonstitucional,
p. ej.), su significado es léxico; es decir, que aparece en el diccionario. Si
por el contrario, carece de lexemas, su significado es gramatical (o
relacional), y en el diccionario aparecerá una explicación de su valor y de sus
usos sin poderle otorgar un valor referencial (no hace referencia a ningún
objeto, acción o cualidad). Los antiguos gramáticos chinos llamaban a las
primeras palabras llenas y a las segundas, palabras vacías.
Dentro de los morfemas ligados (a los que también se llama dependientes y trabados) hemos de hacer una distinción según su función: los que sirven para crear distintas formas de una misma palabra (limpio, limpios) se los llama morfemas flexivos y a los que sirven para crear nuevas palabras a partir de otras existentes se les llama morfemas derivativos o afijos, y según su colocación con respecto al lexema se llaman prefijos, si van colocados delante: antigás, prefijo; infijos o interfijo